En los últimos meses resulta muy recurrente hablar de la productividad laboral de los funcionarios como solución a la crisis. Cierto es que la sociedad española se encuentra en la cola de productividad europea y mundial, sin embargo ¿por qué no se habla de tal productividad en la empresa privada? En este ámbito resulta más sencillo identificar a los recursos humanos más improductivos, siempre habrá alguien por encima que atisbe actividades y empleados cuyo rendimiento sea mejorable.
Esta es la gran diferencia entre lo público y lo privado. La empresa privada tienen la capacidad de despedir y mejorar su equipo productivo, pero ¿es esto suficiente? El diferencial de productividad entre España y otros países europeos es mucho mayor en la empresa privada que el diferencial de productividad de los mismo en el sector público.
En ningún caso reniego de una valoración de los funcionarios en base a su productividad, ya que además de justo sería productivo, valga la redundancia, para una sociedad mermada por el mercado laboral. No obstante, preciso que tal ataque es excluyente con el resto del colectivo laboral.
Como forma de atenuar el déficit fiscal, resulta muy óptimo apuntar con el dedo a los funcionarios para disminuir una de las partidas de gasto más voluminosas, sin embargo no podemos cambiar estructuralmente un país, al que todas las organizaciones mundiales vigilan, tomando únicamente medidas que resuelvan los problemas actuales y urgentes.
Este es el reto de España, que no va en la dirección correcta de solucionar. La productividad mencionada, el bajo nivel educativo según la OCDE o el paro históricamente estructural son sólo algunos de los problemas que los gobiernos están intentado paliar con medidas de tres al cuarto que nos permitan asomar la cabeza entre los grandes.
El problema viene y volverá a venir cuando todos tengan problemas, nuestras debilidades de nuevo surgirán, la incertidumbre del mercado nos desestabilizará y otra vez tendremos que tapar agujeros por no haber tomado medidas estructurales, que aunque menos urgente de importancia severa, que de haberlas llevado a cabo habrían mejorado la percepción que los mercados tienen de España y así evolucionar hacia una economía consolidada.
Artículo publicado por el Semana de La Mancha, 14/01/2011